Año nuevo y… siempre lo mismo.

Nunca he encontrado por ahí un recetario, recomendación o brújula que me den un norte fiable para empezar un año nuevo, siempre los últimos días del año anterior ronda por mi cabeza que hice y que deje de hacer de lo que medianamente recuerdo que me propuse trescientos sesenta y tantos días antes. En suma es más o menos lo mismo que lo que me propuse setecientos y tantos más, días previos. Treintaiseis, cuarentaiocho, sesenta, más y más, meses antes. Lo mismo siempre.

Quizás sea por eso que cada año lo vivo como todos aquellos viejos años lo intenté hacer, año tras año lo mismo, haciendo lo mismo, con resultados…, idénticos.

Hoy, por eso, luché contra esa inercia que me llevaba a realizar ese inventario de propósitos por incumplir, de deseos por insatisfacer y de metas por no alcanzar.

Intentaré vivir este 2011 día a día, sin dejar pendientes ni familiares, ni profesionales, habré de ir haciendo un recuento en el transcurso de las semanas y los meses, de lo que voy cumpliendo y darle trámite a lo que se me va resagando, para que en diciembre la cuenta final sea igual a cero.

Si así lo logro mi cuerpo, mi corazón y mi alma estarán en paz, sin deudas, ojalá mi cartera también.

Será entonces este 2011 una especie de purga, que no quede nada insatisfecho, que sólo quede esa sensación de vacío que queda después de vomitar, de sacar todo lo que haya vomitado mi cuerpo y mi alma, que a final del año diga -que calma- que venga pués el 2012 y entonces si, a proponer, a planear…, a desear!

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