No desde la inútil y solitaria soberbia.

A un mes de las elecciones llama mucho la atención que halla gente que diga que ningún candidato lo convence. Ninguno es el ideal. Estoy de acuerdo que, ya en un país caminando en la democracia, los candidatos son poco atractivos. Gabriel Cuadri, prácticamente un desconocido hasta antes de su nombramiento, por mas hipster y carismático que logre parecer, tener al fantasma de Elba Esther encima, no le permitirá crecer en el interés de los electores. Josefina, errática, representa la falta de voluntad de un partido ya desgastado por la guerra de Calderón sin estrategia y por doce años de alternancia en los que no lograron hacer nada con el poder. El PRI presenta al candidato de la televicracia, bien armado con el tiempo a costa de muchos billetes, se logró colocar en el primer sitio en las encuestas aunque la recta final pareciera ser cuesta arriba, la sociedad que no olvida, representada por sus jóvenes y sus tropiezos del inicio de la campaña empiezan a pasarle factura. López Obrador llega con una imagen desgastadísima generada por la toma de Reforma hace seis años y por la sombra de perredistas corruptos y otros con muy poco carisma, de los que si bien ya se deslindó, son un lastre muy difícil de sacudir.

Y sin tomar en cuenta las buenas o malas propuestas que nos puedan presentar, porque no han sido hábiles en mostrarnos de manera convincente sus programas de trabajo o su proyecto de nación, la población elegirá a partir de su percepción, y con candidatos que no tienen una imagen arrolladora, carismáticos, intachables, es que un buen porcentaje de los electores esta indeciso.

El desencanto por la falta de candidatos bien armados y la situación desastrosa del país nos hacen soñar con un súper aspirante, uno que nos de trabajo, seguridad, estabilidad, salud, bienestar y futuro para nosotros y nuestras familias, uno que se enfrente al narco sin ejército y con estrategia, que erradique la corrupción y los pecados mortales, que se deshaga de los sindicatos charros y de las malas actrices, que no privatice PEMEX y que la convierta en una empresa de clase mundial produciendo gasolina gratis para todos, uno que invierta en investigación y desarrollo de energías alternativas y sin productos milagro, que fomente la creación de patentes y de buenos comediantes. La lista es interminable, en efecto, mas que reconstruir, pareciera que hay que construir un país.

Y si por un ardid del destino ese personaje, por ahí, escondido en un escritorio perdido, en una dependencia olvidada, tras papeles y agendas resueltas, sin papeleo pendiente ni tareas por terminar, alguien como no conocemos, estudiado con maestría y doctorados en el país y en el extranjero, con larga e incuestionable experiencia en la administración pública, vamos lo que se dice eficiente, aparece por ahí y lo pensáramos como el tipo ideal para hacerse cargo del país casi unánimemente, y nos devolviera la esperanza a todos los guadalupanos y hasta le construyéramos su capillita, no faltaría alguien lleno de envidia que le sepa o le invente algo oscuro en su pasado que, cierto o no, nos lo tirara del nicho en el que lo hubiéramos subido, y adiós fantasía.

La verdad es que el candidato ideal no existe ni existirá, en el subconsciente colectivo lo deseamos más que la venida por enésima ocasión del Papa. Así que a falta de poder materializar esa fantasía no nos queda mas que elegir uno, al menos peor, si se quiere, de los candidatos que los partidos nos presentan.

A mi parecer, esa gente que en ninguno ve al candidato ideal y le deprime votar por el menos peor, es esa clase de ciudadano que esta esperando que papá gobierno le resuelva todo, me da la sensación que es gente que no aporta, que no se involucra con su entorno, o que si bien lo hace y coopera y es solidaria, desea dejar de hacerlo porque eso le toca al estado.

Somos una sociedad en pañales no cabe duda, poco participativa y acostumbrada a estirar la mano, es hora de que nos demos cuenta que hasta el gobierno lo podemos hacer nosotros, que podemos decidir y hacer y quitar y volver a poner y aún después de eso, vigilar y no permitir que nadie haga mal su trabajo, pero no, es mas fácil desde el anonimato, gritar, señalar y quejarse sin participar y pedir que nos hagan todo. Ya va siendo tiempo que nos demos cuenta que así no son, no han sido, ni serán las cosas. Así no seremos nunca una sociedad madura. Es momento de participar y si no nos gusta ningún candidato pues elijamos al menos peor y junto con él nos tomemos los próximos seis años en construir al candidato ideal, entre todos, desde la propuestas, desde la acción, desde el compromiso, desde la participación, no desde la mediocridad, siempre señalando con el dedo, no desde la inútil y solitaria soberbia.

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  1. Excelente, objetivo y mira que siendo tu un apasionado y “palabrotas”, me ha quedado claro el mensaje. continúa! thumbs up!


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