Solía ser en jueves…

Botella

Esa noche, como cada noche de jueves que recordaba desde que llegué a esa húmeda ciudad, hace ya no se cuanto tiempo, descorché una de tinto y antes de apurar el resto de las copas, nuestros cuerpos se perdieron en una interminable danza, una suerte de lucha corografiada por todos los rincones de la habitación, en la que cada uno hacía su parte sincronizada y precisamente, era un número ya muy ensayado, una pieza ya muy bailada. Como nunca antes, tenía la extraña sensación de observar aquella épica escena desde el sillón junto a la ventana, por la que se colaban luces rojas y azules del letrero callejero de neón que no cesaba de prender y apagar al ritmo de la pausada cadencia de la música que subía desde el club de jazz en la esquina de la calle, la trompeta de Chet Baker y su Almost Blue sonaba como si fuera el preludio compuesto para la despedida de esa media noche, en la que ninguno de los dos intuíamos que esta vez no sería un hasta luego…

 

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