Crónica navideña

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Ese día, como cada año, era especial, único. Todos teníamos nuestras tareas asignadas, algunos desde varios días antes, semanas quizás. Yo iba por los refrescos desde temprano, así que me tocaba lavar envases de Coca Cola y de Orange Crush de vidrio y que vacíos, pesaban igual o mas que llenos, siempre estaban empolvados ya que los arrumbábamos en el patio trasero de la casa, abajo de los calentadores y de cientos de ramas de los árboles del jardín del vecino, que eran los encargados de proporcionar las otoñales hojas que tapaban las coladeras de la azotea y que me tocaba barrer cada época de lluvias, pero esa es otra historia. Así que con los envases limpios y en uno de esos incómodos carritos de alambre que se plegaban iba a la tienda de Melito, en la esquina de Vieyra, en donde vivíamos y no recuerdo cual otra, a dos cuadras de la casa, a veces daba dos o tres vueltas porque, además de que la presentación mas grande en esos años sólo era de un litro, cuando regresaba mi madre me preguntaba, invariablemente, si había comprado Sidral, invariablemente se me olvidaba, así que, invariablemente, regresaba a la tiendita.

Luego, poco mas tarde, tenía que ir a Elizondo a comprar cuernitos y baguettes para la comida, eran muchísimos, no recuerdo cuantos pero si mas de dos bolsas llenas de pan. Ya en casa con refrescos y pan, parte de mis tareas asignadas de cada año, me disponía a poner la mesa. Aquí cabe hacer una pausa, las navidades en mi primera infancia, como las recuerdo, comíamos en casa con mis hermanos y un par de tías maternas, después de la comida repartíamos algunos regalos y entrando la noche nos poníamos guapos porque iríamos a las Lomas de Chapultepec, a Paseo de La Reforma a visitar a la tía y a la prima de mi padre, la tía Gena, mi tocaya Eugenia y del 10 de junio igual que yo, pero esa es, también, otra historia.

Un par de veces al año íbamos a esa casa, hasta que Mamá Grande murió por ahí de finales de los setentas y desde entonces dejamos de ir los 10 de mayo, así que después sólo visitábamos a los Solana en navidad, no puedo olvidar el enorme árbol de esas fechas en esa casa, el aroma del puro de mi tío Gastón en su estudio lleno de libros y libreros de caoba, su enorme escritorio y sus sillones de piel obscura. Esa luz tan particular, ad hoc con la exquisita decoración de la sala del segundo piso en donde nos reuníamos con mis tías y mis primas, fue en una de esas navidades, en esa casa, en que decidí mi futuro, pero esa también, una vez más, es otra historia.

Después, una hora más tarde apróximadamente, nos dirigíamos al otro lado de la ciudad, a Ermita Iztapalapa en donde pasábamos el resto de la noche y nos empacábamos la deliciosa cena en casa de mi bisabuela materna y parte de la familia de mi madre, mis abuelos, mis primos los Márquez y no recuerdo quién más. Nos salíamos a la calle en donde mi abuelo abría la cajuela, enorme por cierto, de su Opel Record del 58 que estaba llena de cuetes, me encendía un cigarro, por ser mas seguro para prender las mechas de la pirotécnia, en donde, además, porqué no, a los ocho o nueve años me di mis primeros jalones de tabaco, y ya medio mareado por los humos del churrito a echar chifladores, escupidores, buscapiés, brujas, baritas, luces de bengala chiquitas y enormes etc, etc…

A finales de mi adolescencia y con la muerte de la bisabuela las navidades ya sólo las pasábamos en casa, las primeras no fueron muy concurridas, la tradición empezaba, pero después éramos un mundo, en ocasiones llegaba Luis mi hermano mayor, el resto de mis hermanos Adrián, Moni, Nacho y Nora, Irene y Blanca con pareja y familia los que ya tenían; la tía Chabe, hermana de mi madre mi tío Juan Manuel y mis primos Juan Alberto y Marisa; la tía Carmela con mi tío Memo y mis primos Memo, Edgar y Mauricio; y si mal no recuerdo la tía Paty y su familia también iban y siempre, siempre había alguien más como Neto, buen amigo de mis hermanos y del resto de la familia que en algunas navidades nos acompañara.

La cena, caray cómo olvidarla, para mi, más allá de los regalos, la cena era la mitad de la navidad, la otra parte era mi familia. Ese pavo y su relleno que hacía mi madre nunca lo he vuelto ni volveré a probar, ella sí sabía hacer pavo y no sólo eso el bacalao excelente igual, la ensalada de manzana con nuez, la sopa de codito frío, el espagueti, los romeritos y sus tortas de camarón, joder, todo un banquete, un delicioso banquete, interminable. Recuerdo a mis padres en el extremo de la mesa jugueteando y cortando el pavo con un cuchillo eléctrico que causaba controversia, pero dejaba exquisitas rebanadas del cadáver de la desafortunada ave, todos alrededor de la mesa haciendo cola esperando por porciones del susodicho y sirviéndonos de todo lo demás mientras llegaba nuestro turno ante el difunto y escoger las partes que mi padre nos cortaría.

Pláticas y risas, la mas estruéndosa de Nacho, o era la de Adrián…? en fin, se oían toda la noche, los gritos de mi tía Chabe y sus chistes, las carcajadas de mi madre y los cocteles de mi padre. De fondo siempre, invariablemente, Ray Coniff ponía la nota musical, sólo dos LP´s teníamos, la secuencia de las rolas ya la olvidé, pero no su característico scratch que los hacía tan nuestros, toda la noche sonaban esas perfectas orquestaciones con sus coros tan melodiosos, tan llenos de navidad, ahora tan entrañables para mi.

Después de la cena repartíamos los tan ansiados regalos que nos llevaba un par de horas y una vez mas las risas, las carcajadas y los abrazos, los besos y, por supuesto, los gritos y los apapachos del alma y de las entrañas ya que algunos seguíamos refinándonos las viandas y los vinos, hasta que en algunas ocasiones, terminábamos bailando. Eso era la navidad, así fue mi navidad. Para mi si no es así, no es navidad y como se muy bien que nunca volverá a ser así, ni remotamente, ya no me ilusiona más nada esta época. Vaya problema cuando ahora es a mi a quien le corresponde fabricar las ilusiones.

Llegó el tiempo y con él también esos momentos, algunos de ellos en el que crecer no está tan chido y nos llenamos de otras vidas, nos casamos y algunos nos descasamos y reincidimos y las navidades se complican, ya son otras historias. Parte de la familia se sigue reuniendo, supongo que conservan algunas tradiciones, aunque por mas que lo hagan ya no está ni mi papá, ni mi mamá, ni mis abuelitos, ni es en ese enorme comedor, ni esa cocina, ese cuarto de tele, ni esa sala tan llena de trebejos, ni ese hall, la cantina y las escaleras de la vieja casona de Vieyra en San Miguel Chapultepec. La navidad era mi casa, era mi familia. Sólo me queda pués, los recuerdos, algunas fotos y la música de Ray Coniff.

Joder… ¿a dónde se fue todo eso?

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  1. EFECTIVAMENTE GENIO,…!!!!,…creo que tuvimos Navidades bonitas y hogareñas,…. creo que la principal razón,..era el calor de la MAMA,…. que organizaba comida, decoración,…regalitos, visitas , tareas como cuentas ,…etc., etc., hay que dar gracias a
    Dios, que tuvimos esas bases,…y después, pasarle esas tradiciones a nuestros hijos….(creo que yo ya lo hice, jejeje),…ahora les toca a ustedes, seguir esas tradiciones, para darles el ejemplo a sus hijos, y a su vez, éllos lo repitan con su familia….
    Tengo también, muy gratos recuerdos, de todas las reuniones en tu casa, en la casa de Mami,…que bailábamos, tio@s, sobrino@s, primo@s, amigo@s, e invitados….era sensacional…..
    Cuídate mucho, transmite lo más que puedas, a tus hijos, de lo que tú viviste y a tratar siempre, de ser feliz y disfrutar , lo
    que tengamos en este momento…..
    BESOS Y ABRAZOS, CON MUCHO CARIÑO A TODA LA FAMILIA ROBLEDA…. !!!!!
    LOVE U
    GÜERA…..


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