Homenaje insensato

¿Cómo era el mundo hace un siglo?

Para eso ahora hay información de sobra, pero, mejor planteado y quizás sea más difícil de saber, ¿cómo pensaba y se sentía la gente en esa época?

Ojalá se me hubiera ocurrido esa pregunta cuando aún te tenía y hubiera sido maravilloso saberlo por ti, aunque en ese entonces todavía no tenía esta visión tan desoladora como la tengo ahora por lo que esa duda no me hubiera surgido.

Hoy cumplirías cien años, he pensado en eso todo el día y lo único que atino a escribir son estas insensatas líneas, me tranquiliza saber que no me guardé nada. Si lamento no tenerte tan presente en mi memoria de cuando fui un niño, pero de adulto te disfruté tanto, en verdad tanto que te recuerdo cada vez con más amor y con más desespero.

Se me dibuja una enorme sonrisa en la cara cuando reconstruyo en mi cabeza como reventábamos, tu y yo, con esas interminables y bizarras discusiones sobre la vida y la política, esas primeras jugadas de dominó, si esas en las que la pasábamos con Luis, Adrián y Nacho, sólo los Robledas, vaya noches de jugada tan memorables en las que nunca terminábamos una partida o bien por los alegatos o porque tu o yo, invariablemente, nos quedábamos dormidos sobre la mesa, como viendo las fichas y mis hermanos apresurando nuestro turno, suponiendo que pensábamos la tirada… -jajaja, no paro de reír- cómo olvidarlas?

Con una de las cosas que mas me gusta soñar es con esos viajes eternos por las caminos de dos carriles de hace décadas en este país y los ratos en los que me platicabas tus historias de vida, aprendí contigo tantas cosas en esos trayectos como a manejar en carretera e invariablemente cada que recorro una tu recuerdo aparece en mi mente, incluso en ocasiones, cuando voy manejando, me sorprendo adoptando ciertas posiciones corporales que son completamente tuyas.

También me acuerdo de…, de tantas y tantas cosas que se que te llevaré conmigo toda la vida, me siento tan afortunado de ser tu hijo que doy gracias a Dios cada mañana. Hoy, a cien años de que naciste, sólo quiero que sepas cuanto te honro, cuanto te agradezco y cuanto te amo.

Tengo tan adentro los valores que me enseñaste, a pesar de que en estos tiempos tan inciertos son difíciles de seguir, decirte que son los mismos con los que educo a mis hijos, no podría enseñarles algo diferente, espero hacerlo tan bien como tú, espero que estés orgulloso de mi a pesar de que aún no se como hacer tantas cosas como tu, como jugar dominó, por mencionar sólo esa. Dejaste un estándar muy difícil de superar. Siempre estaré en deuda contigo, tú sabes por que lo digo. Te sigo necesitando tanto, pero eso, también, tú ya lo sabes…

Luis Ignacio Eugenio Robleda Cevallos, hoy y siempre te abrazo Papá.

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