Historias de fierros y abandono…

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Cuando el hombre creó los primeros objetos, fueron utensilios que el mismo utilizaría. Progresivamente, a través de la historia, sus manufacturas empezaron a ser mas diversas y sofisticadas, ya no sólo produjo herramientas para resolver sus propias necesidades, empezó a producir para tener con que hacer trueque, cambalache, negocio. Así, empieza a confeccionar joyería, ropa, muebles, enseres, artilugios, maquinaria, juguetes, medios de transporte y máquinas que fabrican mas máquinas que fabrican cosas…

El proceso de elaboración de un objeto conlleva, en sí, mucho tiempo. Desde detectar una necesidad, definir el elemento que la resolverá, diseñarlo, producir un prototipo, probarlo y mejorarlo, planear la fabricación y producirlo. Sin mencionar el diseño mismo de la producción, definir los materiales, procesarlos, estudio costo-beneficio, impacto ambiental, asignar un precio de venta, análisis mercadológico tan importante en estos días, distribución, exhibición y un largo etcétera.

Hay piezas que son tan anheladas que se convierten en invaluables objetos del deseo. Algunos alcanzan precios insospechados, existe mucho atrás de un producto antes de que este llegue al consumidor final. Hay objetos que por su propio valor intrínseco y el asignado se vuelven “eternos”, otros no tanto y que con el tiempo y el uso constante se van desgastando y descomponiendo por lo que van cayendo en desuso, inservibles por no existir ya piezas para repararlos o reconstruirlos dado que los fabricantes originales ya no las producen porque ya no responden a las necesidades que van cambiando constante y velozmente con los tiempos o simplemente por que ya pasaron de moda.

Estos objetos, los desechados, consiguen prolongar un poco su vida útil en mercados de pulgas, ventas de garage o negocios de usado, tal vez van pasando de mano en mano sucesivamente hasta que finalmente terminan sin valor alguno, inservibles, unos trebejos, trastos viejos y herrumbrosos convertidos en auténtica chatarra. Finalizan su misión depositados en basureros, deshuesaderos o simplemente se les abandona en calles, baldíos o descampados.

Tanto esfuerzo, tanto tiempo y tanto dinero invertidos, momentos especiales en los que mucha gente satisfizo sus diversas necesidades y compartió con seres queridos esos bienes, para que, al final, todo termine en un completo abandono.

 

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El discreto encanto de caminar sobre hojas secas

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Esta temporada, con reminisencias de un otoño tardío, me brinda uno de los mayores placeres del año, el discreto encanto de caminar sobre hojas secas y sentir y escucharlas crujir bajo mis pies, indiscutiblemente este gozo es incomparable cuando caminas por un bosque frondoso de altos árboles, pero en la ciudad tiene su particular encanto, muy temprano de mañana antes del trajín cotidiano propio de las urbes, o por la noche, tarde cuando todo mundo ya se guardó.

Me gusta caminar despacio, pisarlas con calma, entre más abarque con la planta de mi pie, mejor. A veces corro, otras brinco como chamaco feliz sobre un charco salpicando el agua, de vez en vez sólo arrastro los pies, en ocasiones camino en círculos y dibujo con ellas intrincadas trayectorias, sea como sea que me las encuentre, siempre hay algo que espontáneamente mi impulso hará para que mi alma disfrute con ellas, sobre ellas…

 

Fotografío luego corro luego existo…

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Decidí calzar mis viejos Converse y salir a caminar y poner en marcha, una vez más, como cada inicio de año, mis viejos propósitos. Y mas o menos al puro estilo de Murakami: Fotografío luego corro o corro luego fotografío, el orden de los factores no altera mis delirios.

Cierto es que camino un poco y luego corro, alternadamente, lo hago además, como si también fuera una especie de meditación, no sé si el resto de los corredores lo hagan igual o parecido. No puedo evitar soñar, ordenar mis ideas, entender mi vida, imaginar, planear el día, fantasear y proyectar algunas imágenes que algún día produciré, algún día…  La verdad también es que, muchas veces detengo la marcha, saco el iPhone y sólo tomo fotos, hoy fue uno de esos días.

Tendré que leer a Murakami y entender que pasa por la mente de los que, como él, corren, o cuando menos en la de él, saber como abordan sus entrenamientos, sus fantasías y ese, ese también es un propósito viejo…

 

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