San Jerónimo Tlacochahuaya

Tlacochahuaya significa en náhuatl: “Lugar húmedo o tierra húmeda; o a la mitad de la Ciénega o pantano”.

 

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Por tradición se sabe que Tlacochahuaya fue fundado por un guerrero zapoteca, llamado Cochicahuala, “el que pelea de noche”, después de vencer a sus enemigos, probablemente de la tribu de los chántales.

 

El templo se empezó a construir a mediados del siglo XVI, con la vigilancia Fray Jordán de Santa Catalina.

Burgoa apunta que era común en las provincias de la orden dominica, poseer un convento que se llamaba La observación, donde los frailes pudieran retirarse a dedicar su tiempo a la meditación.

Las dimensiones originales del templo fueron modificadas, inicialmente fue una pequeña capilla, misma que se acompleto con las del transepto hasta adquirir su forma actual de cruz Latina.

Lo mismo puede decirse de la barda y cruz atriales, la primera no fue un elemento propio del inicio de la colonia aunque lo fue posteriormente. La barda, la cruz atrial y la puerta de acceso al atrio se encuentran desaliñadas respecto del vano de la puerta, principal acceso al templo. Esto es una modificación del diseño primitivo de estos conjuntos arquitectónicos y marca ya la presencia del Barroco que cambia las estructuras rígidas de los últimos días del Renacimiento.

La portada, en general, es modesta, sus elementos están tratados con sencillez, no tienen todavía ni la riqueza, ni la figura de otros momentos erigidos posteriormente, lo que es normal, ya que los naturales aún no asimilaban las nuevas técnicas constructivas y seguramente no estaban todavía familiarizados con los conceptos, personajes e ideas de los promotores de la evangelización.

En la parte central inferior esta el vano de la puerta principal, cuyo acceso esta delimitado por un arco de medio punto con una clave, la que tiene labrada dos pequeños perros con teas encendidas en su hocico, símbolo de los dominicos que los acreditan como “Perros del Señor”.

El lugar principal de la portada la ocupa San Jerónimo, que es el patrón de la comunidad, al que vemos en actitud de escucha de la voz del altísimo, simbolizada por una trompeta que recuerda una carta atribuida a este santo donde escribió “sea que yo vea o que yo duerma creo siempre escuchar la trompeta del juicio final”.

 

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Fotografía: Eugenio Robleda © 2007

 


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